RUIZ DE TOLEDO: SI TE DICEN QUE ME FUI

(Artículo escrito por mi amigo Carlos, el asaz sospechoso, tras su fuga del INSS. Creo que logró escapar por las escaleras de incendio. No lo he vuelto a ver, pero a veces me escribe). ¡Un abrazo!

Recuerdo mi llegada al INSS de Barcelona, con algo de nervios y mucha ilusión. Allí me encontré a unos compañeros algo apenados por la despedida de la gente que emigraba hacia lugares más cercanos a su familia y, a la vez, expectantes ante la aparición de los “nuevos”. Los primeros a los que conocí fueron Alberto Carnacea y Mónica, habitantes perpetuos de la planta baja y, a cuyo lado, me situé. A mi izquierda Mónica y a mi derecha Albert, porque ya se sabe que rodearse de los mejores es sinónimo de garantía.

A continuación subí a la “séptima”, la planta privilegiada, donde reconocí a Laura y Alberto, opositores de nacimiento de cuya valía ya era conocedor. Pero no eran los únicos que se presentaron, también conocí a los letrados-jefes, Paco y la inagotable Rosa, a la enérgica Patricia Urgel, a quien tuve el placer de acompañar  un día a juicios, al igual que a Laura, la Letrada Coraje, y a Condis, el Letrado polígrafo (en su acepción literaria); a Paquito López del Rey, con su punzante ingenio, a Pilar y Dolors, representantes de la tradición de la asesoría jurídica del INSS de Barcelona, a Maite y Jero, gran cantante melódico pero, igualmente, otro desertor como yo, a María, mi única compañera de viaje hacia el caos en que se ha convertido el INSS de Madrid, y al docto Castell, quién me metió en el “lío” de las quinielas junto con Mónica Jairala, prometiendo premios cuasiasegurados por el acierto de los dos David. Me gustaría poder explayarme en nuestros triunfos quinielísticos pero, desgraciadamente, ya está todo contado. 

Más tarde llegarían el resto de letradas. Así que dejé de ser el único “nuevo”. Entre ellas, debo mencionar, en primer lugar, a mi compañera de piso y gran amiga Laura Pascual o Laura Soria, con quien he tenido los mayores debates tanto profesionales como ideológicos y comentaba todas las ocurrencias que me pasaban por la cabeza. Inolvidables son los momentos que hemos vivido en el poco tiempo que hemos coincidido. Siempre los recordaremos Laurita.

Otra de las grandes promesas del INSS es Paloma Acosta, siempre poniendo en apuros al resto de compañeros con sus intrincadas preguntas. Miriam, mi otra acompañante en la nueva aventura madrileña, en este caso desde la Gerencia. Y, por último, Carolina, una persona llena de sorpresas y no sólo por su fuerte tono (timbre) de voz.

¡OS ECHARÉ DE MENOS A TODOS!

Pronto vendrían los partidos de fútbol en casa de Condis, momento perfecto para intercambiar opiniones profesionales y ¿ por qué no decirlo? desahogarnos  sobre los puntos obscuros del sistema de Seguridad Social y todo lo que lo rodea; la inauguración del piso, incluyendo la tentativa de jugar al beer pong; el cumpleaños de Laura González, que dejó por medio algunos damnificados. También recuerdo el primer viaje de chicos a Lloret de Mar, espero que no el último, la calçotada, la cena de navidad , muchos desayunos y algunas reuniones de retirada en casa. Allí tratábamos la mala situación de un INSS condenado a la masificación de trabajo, por no querer frenar una tendencia extraña a la sobresaturación del sistema propiciada por varios factores, tanto externos a la administración como provenientes de diferentes ámbitos de la misma.

En este punto, creo que los primeros que deben replantearse el orgullo de ser lo que son, somos los propios Letrados de la Seguridad Social, para reclamar lo que corresponde a los participantes de un sistema universal, público e igualitario de Seguridad Social pues, sin su aportación, sería impensable la pervivencia de sistema alguno. De la misma forma, la solidaridad debe entenderse como el pilar indispensable para su mantenimiento, siempre y cuando esté vinculado a la obtención de un fin lícito. Es este último extremo el que se ve asediado en los últimos tiempos por el comportamiento de determinados colectivos profesionales que persiguen más bien el interés individual frente al interés general y colectivo. Ahí es donde la Administración debe intervenir, a través de sus integrantes, para salvaguardar la viabilidad del sistema e impedir a los individuos más egoístas la comisión de determinados comportamientos inadmisibles y perjudiciales para el resto.

A pesar de todo, mi paso por Barcelona ha sido más que positivo, por las experiencias vividas y conocimientos adquiridos y, especialmente, por los valores de un grupo de compañeros con los que he compartido una etapa tan fundamental como mi primer año de ejercicio profesional.

Por último, solo me queda agradecer a David Condis todas las tardes de charla, telefónicas y presenciales, con el único objetivo de intentar mejorar la situación de la DP y, por supuesto, de la SS. ¡Amigo mío! te interpelo para que, al igual que hiciste conmigo, sigas transmitiendo a los futuras Letradas/os las ideas y los valores que deben ostentar todos los representantes de la cosa pública, que muchas veces olvidamos o pasamos por alto, a causa de la falta de tiempo provocada por nuestra inmersión en la rueda del INSS, esa rueda que siempre avanza y nunca para.  Mucha fuerza David, te echaré de menos.

PD: no puedo olvidarme que en la calle Sant Antoni Maria Claret , además de Letrados, también trabajan otras personas que, con su amabilidad y colaboración, han hecho mucho más agradable mi labor en ese edificio. Este recuerdo va especialmente dedicado a Mónica y Andrea, Omar y Elsa, nuestro personal de apoyo (Manolo, Luisa, Dani, Olgas, Tere…) y, por supuesto, a nuestro historiador del arte, devenido en informático, “Lute”. Os deseo lo mejor.

Carlos Francisco Ruiz de Toledo Rodríguez.

MENOSPRECIAR A LOS CIUDADANOS

“Llega un momento en la historia en el que quien se atreve a decir que dos y dos son cuatro está condenado a muerte. Bien lo sabe el maestro” (Albert Camus)”.

Llevo tiempo denunciando los graves problemas que se producen en numerosos organismos de la Administración española. La falta de profesionalización, la presencia de nepotismo, el amiguismo indisimulado en la mayoría de nombramientos de libre designación, junto con el defecto de interiorización del concepto “plaza en propiedad” que tenemos los empleados públicos, constituyen ingredientes más que suficientes para configurar un déficit administrativo notable.

En este contexto, la pandemia provocada por el SARS-COV-2 posee el potencial suficiente para acabar de romper las costuras de muchos órganos administrativos, cuyas dificultades en tiempos de normalidad eran ya evidentes. Durante la última semana, en Barcelona, los ciudadanos que se acercan a preguntar por sus asuntos de Seguridad Social, ante el bloqueo de las citas previas y la desinformación sobre los canales de internet, se sienten menospreciados. Retenidos en las puertas del Instituto Nacional de la Seguridad Social por los vigilantes de seguridad, tienen la percepción de que son tratados como delincuentes, no como ciudadanos de un Estado de Derecho. Ningún empleado público competente se acerca a la entrada para darles alguna explicación, nadie les hace caso, excepto los vigilantes, quienes cada vez más desbordados, se limitan a llamar por teléfono a los “Mossos d´Esquadra”. Así, el ciudadano, denigrado, cuando observa esta actitud, se enfurece todavía más.

Hoy la situación estaba a punto de desbordarse cuando, una vez cruzado el vestíbulo, mis reflejos me han llevado a dar media vuelta y dirigirme hacia el cordón de seguridad. La idea de ver a una señora de 65 años por los suelos o a un prejubilado cayendo sobre el pavimento de mala manera ha acudido a mi mente. Creo que acabará pasando, pero cuando menos, puedo decir que hoy no pasó. Tranquilicé a los ciudadanos y les facilité un enlace. Fui consciente de que solo necesitaban que alguien se preocupara de ellos, que no los dejaran tirados a las puertas del Instituto Nacional de la Seguridad Social. También fui consciente, a posteriori, de que no me tocaba a mí estar allí y, hasta cierto punto, entendí que la dirección provincial me invitara a no volver a hacerlo. Al fin y al cabo, no está en mi cargo, ni es mi función. Pero también entendí que estamos cayendo en barrena y que quienes tienen responsabilidades no pueden cubrirse detrás de las espaldas de unos vigilantes de seguridad y de unos “mossos”. Hacerlo es muestra de cobardía o de un elitismo decimonónico. Ni es justo, ni es presentable. Es una completa vergüenza.