MENOSPRECIAR A LOS CIUDADANOS

“Llega un momento en la historia en el que quien se atreve a decir que dos y dos son cuatro está condenado a muerte. Bien lo sabe el maestro” (Albert Camus)”.

Llevo tiempo denunciando los graves problemas que se producen en numerosos organismos de la Administración española. La falta de profesionalización, la presencia de nepotismo, el amiguismo indisimulado en la mayoría de nombramientos de libre designación, junto con el defecto de interiorización del concepto “plaza en propiedad” que tenemos los empleados públicos, constituyen ingredientes más que suficientes para configurar un déficit administrativo notable.

En este contexto, la pandemia provocada por el SARS-COV-2 posee el potencial suficiente para acabar de romper las costuras de muchos órganos administrativos, cuyas dificultades en tiempos de normalidad eran ya evidentes. Durante la última semana, en Barcelona, los ciudadanos que se acercan a preguntar por sus asuntos de Seguridad Social, ante el bloqueo de las citas previas y la desinformación sobre los canales de internet, se sienten menospreciados. Retenidos en las puertas del Instituto Nacional de la Seguridad Social por los vigilantes de seguridad, tienen la percepción de que son tratados como delincuentes, no como ciudadanos de un Estado de Derecho. Ningún empleado público competente se acerca a la entrada para darles alguna explicación, nadie les hace caso, excepto los vigilantes, quienes cada vez más desbordados, se limitan a llamar por teléfono a los “Mossos d´Esquadra”. Así, el ciudadano, denigrado, cuando observa esta actitud, se enfurece todavía más.

Hoy la situación estaba a punto de desbordarse cuando, una vez cruzado el vestíbulo, mis reflejos me han llevado a dar media vuelta y dirigirme hacia el cordón de seguridad. La idea de ver a una señora de 65 años por los suelos o a un prejubilado cayendo sobre el pavimento de mala manera ha acudido a mi mente. Creo que acabará pasando, pero cuando menos, puedo decir que hoy no pasó. Tranquilicé a los ciudadanos y les facilité un enlace. Fui consciente de que solo necesitaban que alguien se preocupara de ellos, que no los dejaran tirados a las puertas del Instituto Nacional de la Seguridad Social. También fui consciente, a posteriori, de que no me tocaba a mí estar allí y, hasta cierto punto, entendí que la dirección provincial me invitara a no volver a hacerlo. Al fin y al cabo, no está en mi cargo, ni es mi función. Pero también entendí que estamos cayendo en barrena y que quienes tienen responsabilidades no pueden cubrirse detrás de las espaldas de unos vigilantes de seguridad y de unos “mossos”. Hacerlo es muestra de cobardía o de un elitismo decimonónico. Ni es justo, ni es presentable. Es una completa vergüenza.