AL OTRO LADO DEL RÍO

Estoy acostumbrado a que los medios de comunicación proclamen, con cierta frecuencia y, en muchas ocasiones, financiados por despachos de abogados, noticias que apuntan hacia la intrínseca maldad que caracteriza a los equipos de valoración de incapacidades y a los letrados de la Seguridad Social que los defienden en los procesos judiciales de incapacidad permanente. Creo que profesionalmente me perdería algo importante si no supiera ver el cinismo que caracteriza a estas noticias o si no fuera capaz de observar que, efectivamente, en algunas ocasiones, los ciudadanos pueden ser objeto de una errónea valoración. Pero creo que también me perdería algo importante si ignorara el caudal de corrupción médica que inunda, día a día, el agitado mundo de los procesos judiciales, caudal que va acompañado, cómo no, de un notable desperdicio de recursos públicos.

En este sentido, creo necesario traer a colación la reciente Sentencia 226/2021, del Juzgado Social 31, sentencia dictada por el Ilustrísimo Magistrado Raúl Uría. La demandante, una señora perceptora de una incapacidad permanente total, pretendía, asistida por su abogado, lucrar una prestación de incapacidad permanente absoluta para todo trabajo, por agravación de sus lesiones anteriores. Por fortuna, y contra el criterio de Ortega y Gasset, quien en la historia de la humanidad veía pocos nombres de jueces inteligentes, el Magistrado supo ver la realidad del caso y razonó lo siguiente:

«La parte actora basó, en gran medida, su alegato, en la incapacidad para recorrer distancias cortas presentando una biomecánica que se aporta. No presenta ni un solo informe de traumatólogo en que se valore la dolencia que dice sufrir en las caderas y que tanto la limita. La única referencia a que la demandante pudiera necesitar una prótesis de cadera está en un informe de hace más de dos años en que la médico de familia (que empieza su informe aludiendo a la «limitación laboral» revelando el carácter finalista del mismo)) señalaba que había sido valorada en febrero de 2018 en traumatología, hace ahora más de tres años. No se puede pretender con la mínima seriedad que una biomecánica pueda sustituir la necesidad de algún informe de especialista en los últimos tres años en que se explique la situación de la dolencia o su posible tratamiento».

Asimismo, en una antológica frase que merece ser subrayada, afirmó que «en el extraño y lamentablemente aceptado juego del gato y el ratón en que parecen haberse convertido algunos juicios de incapacidad permanente, la parte actora no aporta informes de traumatólogo». Precisando que «atenta contra la lógica más elemental que una persona que tenga una afectación artrósica en las caderas de tanta entidad como para claudicar tras caminar unos metros, no haya visitado en tres años a un especialista». Y es que, «la actividad se ha centrado, pues, en los últimos años, en montar un pleito más que en resolver el problema de salud en las caderas».

Consciente de que se le había intentado engañar utilizando una prueba biomecánica, concluye su sentencia con un FJ 4º que, textualmente, dice:

«Como se ha adelantado en el fundamento anterior se considera procedente que el Ilustre Colegio de Médicos de Barcelona determine si es procedente alguna actuación en relación con el proceder de quien firma la biomecánica, pues se incluye una conclusión que podría ser determinante para el reconocimiento de una incapacidad permanente, pero el argumento que conduce a ella presenta serias dudas sobre su rigor médico pues se basa en un estudio que, por sus características no parece que técnicamente deba reputarse referencial a estos efectos».

Creo que hacen falta muchas sentencias como esta si de verdad se quiere dignificar al ciudadano que se levanta a las 6 de la mañana para ir a trabajar y al que legítimamente discute sus patologías en un procedimiento judicial. El camino es largo, árido y poco confortable. Y, sin embargo, necesario. Un Sistema de Seguridad Social debe expulsar, con denuedo, toda conducta irregular. Servicios de Salud, INSS y judicatura tienen la obligación ética de hacerlo.

ORIGEN DE ROMA: MITOS Y LEYENDAS

Toda civilización refiere sus orígenes a un tiempo ignoto de dudosa historicidad. Tal es el caso del nacimiento de la civilización romana, nacimiento rodeado de una serie de improbables, por no decir imposibles, acontecimientos. Probablemente, la necesidad que sintieron los romanos del siglo I a. de c. de rodear de grandeza pasada su grandeza presente explica, en parte, el “relato oficial” sobre la fundación de la ciudad. La fecha propuesta, el año 753 a. de c.,“no debería ser tomada demasiado en serio. Todo parece indicar que fue fijada por medio de un proceso artificial de cálculo mecánico” (Cornell, 1999,107). En dicha fecha, dos gemelos, Rómulo y Remo, tras restaurar en el poder a su abuelo Numitor, depuesto por su hermano Amulio en la mítica Alba Longa, deciden fundar una ciudad. “Era sobreabundante, por otra parte, la población de Alba y del Lacio, a lo que había que añadir, además, a los pastores; el conjunto de todos ellos permitía esperar que Alba y Lavinio iban a ser pequeñas en comparación con la ciudad que iba a ser fundada” (Livio,2016,16). La ciudad, tal y como afirma Tito Livio, apunta su grandeza desde el mismo instante de su fundación mítica. Sin embargo, conviene precisar que los parámetros poblacionales de la época, así como el tamaño de las poblaciones del Lacio durante el siglo VIII a. de c. no deberían hacernos creer en núcleos poblacionales superiores a unos cientos de personas. Así, caso de haber existido algo parecido a una fundación simultánea de la ciudad, esta no hubiera apenas alcanzado el tamaño de un villorrio. Y es que como apunta Mary Beard en su SPQR, “casi con toda seguridad no hubo nada parecido a un momento fundacional de la ciudad de Roma”(Beard, 2016,75).

Rómulo y Remo, los gemelos amamantados por una loba, quizá una prostituta, según el relato racionalizador de la leyenda, tras ser abandonados junto a un río, enfrentan el ritual iniciático de la vida salvaje como presupuesto necesario para enfrentar su destino, destino que, necesariamente participa del elemento trágico. Y es que en el momento de la fundación ambos contienden sobre el lugar exacto donde erigir la urbe, de modo que, siguiendo el “ritual etrusco”, deciden tomar los augurios. Remo obtiene primero el augurio, seis buitres, Rómulo tras él, doce. Remo se atribuye la prioridad temporal, Rómulo la cuantitativa. Ambos son aclamados como reyes, la lucha a muerte resulta inevitable y, en ella, Rómulo hiere de muerte a Remo y lo mata cuando este atraviesa las murallas de la ciudad. “Así muera en adelante cualquier otro que franquee mis murallas”(Livio,2016,17).

Realizadas las ceremonias religiosas, convocada a asamblea la población y ordenadas las leyes, Roma va afianzando su poder. Sin embargo, la carencia de mujeres amenaza su futuro, de modo que se envían legaciones a distintos lugares a fin de celebrar alianzas. Ninguna de tales legaciones obtiene éxito, ante la probable envidia de las ciudades colindantes, de manera que, taimadamente, Rómulo decide celebrar unos juegos en honor de Neptuno Ecuestre e invitar a ellos a los pueblos vecinos. Ceninenses, crustuminos, antemnates se dan cita. Los sabinos acuden en masa, mujeres e hijos incluidos. Los jóvenes romanos, violando las leyes de la hospitalidad, raptan a las mujeres de los sabinos en el conocido episodio mítico conocido como “rapto de las sabinas”, episodio recreado en el siglo XVII por el pintor Nicolas Poussin. En el cuadro “Rómulo aparece de pie en un estrado controlando tranquilamente la violencia desatada a sus pies, sobre un fondo de arquitectura monumental todavía en construcción” (Beard, 2016,63).

Analizado brevemente el relato de la fundación resulta evidente que el mismo no destaca por la nobleza de los actos y la defensa de grandes principios. El asesinato y el rapto de mujeres no son aspectos que, entendamos, puedan dar pedigrí a un pueblo. De aquí que H. Strasburger concluyera que “el mito de Rómulo y Remo no era una leyenda autóctona primitiva, sino más bien fruto de la propaganda antirromana elaborada probablemente en la Magna Grecia a finales del siglo IV a. de c. por alguna víctima resentida del imperialismo romano(Cornell T.J., 1999,85). Sin embargo, Cornell apunta a que los motivos que aparecen en la fundación de Roma forman parte de una especie de patrimonio común universal. La unión incestuosa o hierogámica (Rómulo y Remo como hijos de Rea, hija de Numitor, y Marte, un dios), el abandono, la salvación del niño, la intervención de un animal o el asesinato, son elementos que aparecen en los cuentos y leyendas populares de muchas sociedades. No podemos obviar, por ejemplo, que en la historia cristiana Caín mata a su hermano o que el propio Jesús es fruto de una relación anómala en la que interviene un dios.

Por otra parte, en la cuenca mediterránea encontramos relatos fundacionales que, como apuntábamos anteriormente, contienen elementos mitológicos análogos. Así, Erictonio, primer rey de Atenas, nace de una relación anómala entre Hefesto y Atenea, quien a pesar de intentar huir del arrebato violento del dios, no puede evitar que parte del semen de Hefesto caiga en su pierna. Asqueada, Atenea se seca los restos seminales con lana y lanza la inmundicia al suelo. La tierra, así fecundada, da nacimiento a Erictonio. En este relato se observa, de nuevo, la relación anómala que da origen al héroe fundador y el abandono, simbólico en el rechazo del semen de Hefesto.

Asimismo, Semíramis, fundadora de Babilonia, era hija de la diosa Derceto y de un mortal llamado Caístro. Derceto, avergonzada, abandona a la niña, que es criada milagrosamente por unas palomas. De nuevo, la relación anómala y el abandono constituyen piedras angulares del relato fundacional.

En definitiva, examinado con brevedad el mito inaugural de Roma, observamos la tendencia de los pueblos a alzarse, en sus orígenes, muy por encima de la racionalidad y la historicidad, mezclando en sus inicios intervenciones tanto milagrosas como mezquinas. En el caso de Roma observamos la tendencia legitimadora que, una vez afirmada la grandeza del Imperio, se acentúa en el siglo I a. de c., momento histórico en el que Tito Livio escribe su “Ab urbe condita”. Por otro lado, y pese a su pretendida originalidad, observamos que los mitemas se repiten en diferentes culturas, sin que la conexión entre ellas explique tal casualidad, como ilustra, entre otros, T.J. Cornell. Por otro lado, resulta pertinente afirmar la imposibilidad de llegar a entender, con plenitud, los aspectos mitológicos de toda civilización, pues ello nos obligaría a situarnos en un plano psicológico transhistórico de imposible concreción. De modo que al abordar la Historia de Roma resultará preciso prescindir, en cierta manera, de preconcepciones para penetrar, siquiera superficialmente, en el tejido de una de las civilizaciones más apasionantes de la historia de la humanidad.

Beard, M. (2016). SPQR. Barcelona: Editorial Crítica.

Cornell T.J. (1999). Los Orígenes de Roma. Barcelona: Editorial Crítica.

Grimal P. (2009). Diccionario de Roma. Madrid: RBA Coleccionables.

Livio, T. (2016). Historia de Roma I. Madrid: Editorial Gredos. RBA Coleccionables.

BÁRBAROS Y ROMANOS

   El concepto de “bárbaro”, etimológicamente “el que balbucea”, y que se refiere, en el mundo antiguo a toda persona incapaz de hablar en griego o en latín, plantea el problema de la integración del extranjero dentro de la civilización romana, así como el de la utilización política que el Imperio hizo de tal concepto. En efecto, en un sentido amplio, el bárbaro es aquel que carece de la ciudadanía romana, pero también con la noción de “bárbaro” se designa a todo pueblo que, despojado de las más elementales características propias del mundo civilizado, amenaza la integridad territorial y moral del Imperio, siendo, en este segundo sentido, un concepto eminentemente político y cultural. En el presente ensayo nos referiremos a esta segunda noción.

   En una escena de la película La caída del Imperio romano, de Anthony Mann, un soldado romano se lleva las manos a la cabeza ante el inminente ataque de los germanos al grito de “¡bárbaros! ¡torturas! ¡sacrificios!”. Toda una declaración de identidad salvaje si no fuera por la circunstancia de que el emperador romano decide pasar a sangre y fuego a esos “salvajes” cuando de forma pacífica se instalan en sus nuevas tierras. Y es que “estaba bien que los romanos pasaran a sus oponentes a cuchillo, como a simple ganado, pero que los bárbaros hicieran lo propio con los romanos era antinatural y profundamente chocante” (Jones, 2008, 143). Asimismo, el hecho de que César masacrara a un millón de galos en su conquista de la Galia debe verse, en la óptica romana, como un símbolo de extensión de la civilización o como un acto histórico inevitable, quizá como occidente debió interpretar que Churchill dejara morir de hambre a entre 3 y 5 millones de bengalíes durante la Segunda Guerra Mundial, algo inevitable que alcanza a seres humanos inferiores dignos de menor protección. No nos engañemos, lo que define al “bárbaro” no son sus actos sino su posición en algún lugar geográfico perteneciente a la periferia. El “bárbaro” es un mero concepto, una realidad imprescindible, útil y funcional para el Imperio, un elemento de cohesión de la sociedad romana, el famoso “enemigo exterior” de Gramsci que posibilita que los ciudadanos sigan sirviendo a las elites.

   A pesar de la posición genérica que asume el bárbaro dentro de la civilización romana, no podemos obviar las distintas sensibilidades que existen en torno a su imagen. En efecto, el poder político romano, a través de sus líderes, asumió dos ideas contrapuestas con respecto a los germanos y, en general, los pueblos extranjeros durante la dinastía de los Antoninos. La primera, cuyo máximo representante es Marco Aurelio, apoya su integración dentro de la sociedad romana; la segunda, representada por el frívolo Cómodo, apuesta por su destrucción. La visión humanista del emperador filósofo se contrapone al realismo brutal del poder bélico, de la fuerza bruta. Fiel a su humanitas Marco Aurelio pretende asimilar a los pueblos del norte, caracterizados por su feritas, tratando de extender la cultura romana a todo el Imperio, al tiempo que defiende con fuerza el limes, un limes que constituye una frontera cultural, más que geográfica. “Vencer y convencer” parecen ser principios de su actuación. A la batalla y victoria física sobre el enemigo debe seguir un proceso de entendimiento basado en la transmisión de las ideas civilizatorias romanas, unas ideas con las que convencer a los bárbaros del norte de la pertinencia de colaborar, como ciudadanos, de las bondades de la prosperidad, una prosperidad que pasa, necesariamente, por asumir la cultura romana, aunque sin cerrarse mentalmente a la recepción de la influencia extranjera en aquello que resulte útil a Roma. Marco Aurelio persigue el bien común bajo el principio de que “lo que no beneficia al enjambre, tampoco beneficia a la abeja” (Marco Aurelio, Libro VI, 54).  Y es que “el reinado de Antonino Pío y Marco Aurelio constituye el único período de la historia en que la felicidad de un gran pueblo era el único objetivo  del gobierno” (Gibbon, 2005, 87). Timónides, consejero de Marco Aurelio, representa, en esta línea de pensamiento, el éxito de la integración. El filósofo griego que fue esclavo y que interviene en el Senado para defender las ideas de Marco Aurelio se presenta como el ideal del hombre romano culto que, a la severitas, añade la cultura griega, siempre admirada por Roma, sin caer en la vanitas. El éxito del mestizaje y de la interacción de las culturas; siempre, eso sí, bajo el dominio del Imperio. Su muerte, a manos de los soldados de Cómodo, supone el triunfo de la posición belicista y destructiva, la que propugna la destrucción del bárbaro como ser infrahumano y salvaje al que Roma debe aniquilar. Frente a la posición humanista se alzan los “halcones” del Imperio que cuentan su grandeza por el número de pueblos subyugados o, si es necesario, eliminados.

   Esta segunda visión del extranjero resulta más manejable desde el poder político al simplificar enormemente el discurso reduciéndolo únicamente a la victoria, detrayendo, por consiguiente, el elemento de convicción, que requiere siempre de un compromiso intelectual entre el poder político y los ciudadanos. La simple llamada al odio y el soborno como medio de compra de las voluntades constituyen argumentos más inteligibles para la plebe y los soldados romanos, a quienes interesan más bien poco las Meditaciones de Marco Aurelio. De ahí las dificultades de Marco Livio Metelo, el personaje ficticio de La caída del Imperio romano, para frenar a Cómodo acudiendo a la mera formulación de principios éticos.

   En el plano de las realidades efectivas, no puede afirmarse que las ideas de Marco Aurelio fueran acompañadas de períodos de paz y que las de su hijo, Cómodo, vistieran el manto de la guerra. Si nos atenemos a los hechos históricos, no podemos obviar que el tiempo de Marco Aurelio se caracterizó por los duros enfrentamientos que sostuvo con los partos y con los pueblos germanos, mientras que la época de Cómodo puede calificarse de pacífica en lo que se refiere a política exterior. Sin perjuicio de que nos sea más agradable la figura del emperador humanista que la del neurótico de su hijo, no podemos dejar de poner de relieve esta circunstancia y, yendo más allá, quizá deberíamos plantearnos hasta qué punto el discurso político, incluso el filosófico, no está vestido de hipocresía. Al respecto, el paralelismo entre el humanista Obama (y sus drones) y el frívolo Trump no deja de inquietarnos.

   Por otro lado, desde el punto de vista de los bárbaros del norte, Roma era el enemigo que amenazaba su limes, su propia civilización, el adversario al que había que destruir. Era una clara postura de oposición, sin ambages. Con respecto a los bárbaros orientales, fundamentalmente Grecia, Roma era la barbarie. Este punto nos parece capital. En efecto, Roma heredó de Grecia la dualidad civilización/barbarie y la hizo suya, pero para los griegos, admirados culturalmente, los romanos eran los “bárbaros” y ellos, desde luego, la civilización, la cultura. Cabe afirmar un cierto complejo de inferioridad de Roma frente a la cultura griega, de la que asumieron numerosos principios.

   Asimismo, la figura del “bárbaro” es utilizada, a veces, como ejemplo de austeridad, como ejemplo de severitas, esa severitas que en el pasado reclamara Marco Porcio Catón y que se reflejaba en las llamadas mores maiorum, entendidas estas como el conjunto de costumbres de los antepasados. En tiempos de molicie y frivolitas, los bárbaros podían resultar un elemento pedagógico, con sus costumbres austeras y su vida frugal.

   En conclusión, puede afirmarse que la noción de “bárbaro” nos remite más a un concepto geopolítico que a un conjunto de costumbres salvajes o creencias irracionales. Para un Imperio, los bárbaros son o pueden ser todos aquellos que conforman su periferia, los extranjeros a cuyo través las elites construyen el concepto de “enemigo exterior”. Sobre su imagen y percepción en Roma, cabe subrayar la existencia de posturas integradoras y de posiciones excluyentes, las “palomas” y los “halcones” modernos. Las posiciones humanistas se enfrentaron al realismo político produciendo importantes fracturas dentro del propio Imperio, al tiempo que acentuaban su decadencia. Sin embargo, toda la filosofía del mundo no le sirvió a Marco Aurelio para lograr paz y estabilidad durante su mandato.

-Beard, M. (2016). SPQR. Barcelona. Editorial Crítica.

-Duplá, A. (1996). El bárbaro en Roma. Vitoria-Gasteiz. Ayuntamiento de Vitoria-  Gasteiz.

-Gibbon, E. (2005). Historia de la decadencia y caída del Imperio romano. Barcelona: RBA Coleccionables.

-Guzmán. F.J. (2003). El relevo de la barbarie: la evolución histórica de un fecundo arquetipo clásico. Revista Veleia, nº 20, p. 331-340.

-Jones, T. (2008). Roma y los bárbaros: una historia alternativa. Barcelona: Crítica.

-Marco Aurelio. (2003). Meditaciones. Barcelona. RBA Coleccionables.

RUIZ DE TOLEDO: SI TE DICEN QUE ME FUI

(Artículo escrito por mi amigo Carlos, el asaz sospechoso, tras su fuga del INSS. Creo que logró escapar por las escaleras de incendio. No lo he vuelto a ver, pero a veces me escribe). ¡Un abrazo!

Recuerdo mi llegada al INSS de Barcelona, con algo de nervios y mucha ilusión. Allí me encontré a unos compañeros algo apenados por la despedida de la gente que emigraba hacia lugares más cercanos a su familia y, a la vez, expectantes ante la aparición de los “nuevos”. Los primeros a los que conocí fueron Alberto Carnacea y Mónica, habitantes perpetuos de la planta baja y, a cuyo lado, me situé. A mi izquierda Mónica y a mi derecha Albert, porque ya se sabe que rodearse de los mejores es sinónimo de garantía.

A continuación subí a la “séptima”, la planta privilegiada, donde reconocí a Laura y Alberto, opositores de nacimiento de cuya valía ya era conocedor. Pero no eran los únicos que se presentaron, también conocí a los letrados-jefes, Paco y la inagotable Rosa, a la enérgica Patricia Urgel, a quien tuve el placer de acompañar  un día a juicios, al igual que a Laura, la Letrada Coraje, y a Condis, el Letrado polígrafo (en su acepción literaria); a Paquito López del Rey, con su punzante ingenio, a Pilar y Dolors, representantes de la tradición de la asesoría jurídica del INSS de Barcelona, a Maite y Jero, gran cantante melódico pero, igualmente, otro desertor como yo, a María, mi única compañera de viaje hacia el caos en que se ha convertido el INSS de Madrid, y al docto Castell, quién me metió en el “lío” de las quinielas junto con Mónica Jairala, prometiendo premios cuasiasegurados por el acierto de los dos David. Me gustaría poder explayarme en nuestros triunfos quinielísticos pero, desgraciadamente, ya está todo contado. 

Más tarde llegarían el resto de letradas. Así que dejé de ser el único “nuevo”. Entre ellas, debo mencionar, en primer lugar, a mi compañera de piso y gran amiga Laura Pascual o Laura Soria, con quien he tenido los mayores debates tanto profesionales como ideológicos y comentaba todas las ocurrencias que me pasaban por la cabeza. Inolvidables son los momentos que hemos vivido en el poco tiempo que hemos coincidido. Siempre los recordaremos Laurita.

Otra de las grandes promesas del INSS es Paloma Acosta, siempre poniendo en apuros al resto de compañeros con sus intrincadas preguntas. Miriam, mi otra acompañante en la nueva aventura madrileña, en este caso desde la Gerencia. Y, por último, Carolina, una persona llena de sorpresas y no sólo por su fuerte tono (timbre) de voz.

¡OS ECHARÉ DE MENOS A TODOS!

Pronto vendrían los partidos de fútbol en casa de Condis, momento perfecto para intercambiar opiniones profesionales y ¿ por qué no decirlo? desahogarnos  sobre los puntos obscuros del sistema de Seguridad Social y todo lo que lo rodea; la inauguración del piso, incluyendo la tentativa de jugar al beer pong; el cumpleaños de Laura González, que dejó por medio algunos damnificados. También recuerdo el primer viaje de chicos a Lloret de Mar, espero que no el último, la calçotada, la cena de navidad , muchos desayunos y algunas reuniones de retirada en casa. Allí tratábamos la mala situación de un INSS condenado a la masificación de trabajo, por no querer frenar una tendencia extraña a la sobresaturación del sistema propiciada por varios factores, tanto externos a la administración como provenientes de diferentes ámbitos de la misma.

En este punto, creo que los primeros que deben replantearse el orgullo de ser lo que son, somos los propios Letrados de la Seguridad Social, para reclamar lo que corresponde a los participantes de un sistema universal, público e igualitario de Seguridad Social pues, sin su aportación, sería impensable la pervivencia de sistema alguno. De la misma forma, la solidaridad debe entenderse como el pilar indispensable para su mantenimiento, siempre y cuando esté vinculado a la obtención de un fin lícito. Es este último extremo el que se ve asediado en los últimos tiempos por el comportamiento de determinados colectivos profesionales que persiguen más bien el interés individual frente al interés general y colectivo. Ahí es donde la Administración debe intervenir, a través de sus integrantes, para salvaguardar la viabilidad del sistema e impedir a los individuos más egoístas la comisión de determinados comportamientos inadmisibles y perjudiciales para el resto.

A pesar de todo, mi paso por Barcelona ha sido más que positivo, por las experiencias vividas y conocimientos adquiridos y, especialmente, por los valores de un grupo de compañeros con los que he compartido una etapa tan fundamental como mi primer año de ejercicio profesional.

Por último, solo me queda agradecer a David Condis todas las tardes de charla, telefónicas y presenciales, con el único objetivo de intentar mejorar la situación de la DP y, por supuesto, de la SS. ¡Amigo mío! te interpelo para que, al igual que hiciste conmigo, sigas transmitiendo a los futuras Letradas/os las ideas y los valores que deben ostentar todos los representantes de la cosa pública, que muchas veces olvidamos o pasamos por alto, a causa de la falta de tiempo provocada por nuestra inmersión en la rueda del INSS, esa rueda que siempre avanza y nunca para.  Mucha fuerza David, te echaré de menos.

PD: no puedo olvidarme que en la calle Sant Antoni Maria Claret , además de Letrados, también trabajan otras personas que, con su amabilidad y colaboración, han hecho mucho más agradable mi labor en ese edificio. Este recuerdo va especialmente dedicado a Mónica y Andrea, Omar y Elsa, nuestro personal de apoyo (Manolo, Luisa, Dani, Olgas, Tere…) y, por supuesto, a nuestro historiador del arte, devenido en informático, “Lute”. Os deseo lo mejor.

Carlos Francisco Ruiz de Toledo Rodríguez.

CÓDIGO DE UR-NAMMA: EL PRIMER CÓDIGO DE LA HUMANIDAD

Entre los muchos logros alcanzados por la civilización sumeria, destaca la creación del derecho y sus primeras codificaciones. Como señala Kramer, hasta 1947, el código mas antiguo del que se tenía conocimiento era el Código de Hammurabi. En esta fecha se descubriría el Código de Lipit-Ishtar y en 1952 el Código de Ur-Namma, al que dedicaremos este pequeño estudio.

Con razón puede afirmarse que el código de Ur-Namma es el más antiguo que conocemos en la actualidad. Textos anteriores como las reformas de Enmetema (2404-2375 a.c.) o de Uruinimgina (2352-2342 a.c.) carecen de valor normativo.

Ur-Namma, fundador de la Tercera Dinastía de Ur (2150-2050 a.c.) restauró el sumerio como lengua oficial, fijó nuevos sistemas de pesos y medidas y edificó el primer zigurat de Mesopotamia. Pero su contribución más importante, como hemos señalado, es el código que lleva su nombre, y que fue hallado en una tablilla en las excavaciones arqueológicas de la ciudad de Nippur en 1952.

En el prólogo del código, previo a su articulado, afirma que con la fuerza de Nanna (nombre sumerio del dios-Luna, cuyo nombre semítico es Sin), por medio de la orden justa de Utu, dios tutelar de la justicia, establecí la justicia en el país y expulsé el desorden y la iniquidad. A continuación, se recogen 32 artículos, que conforman propiamente la di (disposición legislativa).

El primero de ellos constituye un ejemplo de la Ley del Talión, ley que consistía en devolver idéntico daño al ofensor. Y así, “si un hombre ha cometido un asesinato, se matará a ese hombre”. También se prevé la pena de muerte para quienes han cometido actos de bandidaje, así como para el hombre que desflore a la mujer (no desflorada) de otro hombre. Una particular punición se establece para la mujer que abandone a su marido y tenga relaciones sexuales con otro hombre, conducta que ha de ser sancionada por el propio esposo, quien matará a la mujer. Curiosa acotación se establece para el amante, a quien se le concederá la libertad.

El distinto valor del ser humano, en la desigual sociedad sumeria, se observa en el parágrafo 8. Así, desflorar a una esclava actuando indebidamente es sancionado con una pena económica.

Las rupturas matrimoniales generan un derecho de indemnización para la esposa. Así, el parágrafo 9 dice que “si un hombre se divorcia de su esposa principal, pesará una mina de plata” y el 10 afirma que “si él se divorcia de una viuda, pesará media mina de plata. Comenta las normas Lara Peinado afirmando que la indemnización por divorcio, fijada en 500 gramos de plata, estaba sujeta a minoración o aumento por los tribunales, quienes tenían una relativa libertad para fijarla. El menor valor del divorcio de la viuda se basaba en razones económicas (herencia del anterior marido, bienes propios…) y morales (pérdida de la virginidad).

Se castigan también las conductas que atentan contra el derecho al honor, como las falsas acusaciones (calumnias). Así, acusar a otro hombre de practicar la brujería o a una mujer de haber sido infiel a su marido, cuando las acusaciones son manifiestamente falsas, genera un derecho a indemnización.

El código dedica un apartado especial a los delitos de lesiones. Así, “si un hombre le ha cortado a otro un pie en una pelea, le pesará diez GIN de plata” (83 gramos de plata). “Si le ha roto un hueso, 60 GIN”, “si le ha cortado la nariz dos tercios de mina de plata” (332 gramos de plata).

Se castigan lo que, en la actualidad, denominaríamos “delitos contra la Administración de Justicia”. De modo que “si un hombre ha comparecido como testigo y ha rehusado prestar juramento, indemnizará de aquello de lo que sea objeto del proceso”. “Si ha comparecido como testigo y ha sido declarado perjuro, pesará 15 GIN de plata (124,5 gramos de plata). El falso testimonio o el negarse a jurar, lo que en la práctica supone tener la posibilidad de mentir, entorpecen el normal funcionamiento de los procesos judiciales y, por consiguiente, del propio sistema judicial.

Dejar las tierras cultivables sin trabajar era también motivo de punición. “Si un hombre ha dado a otro hombre un campo arable para que lo cultive, y él no lo ha cultivado y lo ha vuelto improductivo, medirá por cada IKU de campo (3600 m2) tres GUR de grano.

La tablilla 3191, la que recoge el código, presenta un estado de conservación muy deficiente, de modo que algunos artículos resultan ilegibles. El último de los preceptos indica que “si un hombre ha dado (a otro) un campo sin cultivar…”.

De la síntesis del Código de Ur-Nammu, cuya mención como más antiguo esperan los sumerólogos que sea temporal, pueden extraerse las siguientes consideraciones:

1) Influyó decisivamente en el Código de Hammurabi, que copia alguno de sus preceptos.

2) Nos muestra un sistema jurídico avanzado, que pivota esencialmente sobre un sistema de indemnizaciones que busca garantizar el cumplimiento de la ley y, en su caso, la reparación del daño causado.

3) Si bien penológicamente muestra ciertos arcaísmos, como sucede con la esposa infiel a la que debe asesinarse, quedando libre el amante, los mismos son reflejo de un estadio de la civilización compatible con la situación de sumisión de la mujer.

4) No ha de creerse que resulta reflejo de una sociedad ejemplarmente justa, pues como señala Kramer, “profesaba los ideales de justicia, equidad y compasión, pero la injusticia, la desigualdad y la opresión estaban a la orden del día”, aspecto este que, sin embargo, podeos hacer extensible a nuestro sistema jurídico actual y a nuestra sociedad presente.

Bibliografía

-La historia empieza en Sumer. Samuel Noah Kramer.

-Los primeros códigos de la humanidad. Federico Lara Peinado.

-Las civilizaciones de Mesopotamia. Historia National Geographic. Tomo 4.

CARLOS RUIZ DE TOLEDO: EL LETRADO REVELACIÓN

      No lo conocí el mismo día que llegó. Tampoco al día siguiente. Es el triste destino de los letrados de la Seguridad Social del INSS de Barcelona, obligados a defender un sistema colectivo de pensiones desde el más absoluto individualismo. De modo que la primera referencia que tuve de él fue a través del informático responsable de nuestro equipo, un licenciado en Bellas Artes. “Oye, ¿sabes que tienes un compañero que es descendiente del Conde de Orgaz?” “¿conoces el cuadro “El entierro del Conde de Orgaz”, de “El Greco”?  No debió verme entusiasmado con la noticia. Las personalidades jurídicas medievales no forman parte de mi círculo de preferencias. Pero rápidamente me aclaró, “parece un tipo normal y abierto”.

  En efecto, desde que tuve el placer de conocerlo, no vi en él rasgos de soberbia y presunción. Es más, rápidamente se apuntó a nuestra peña quinielística, con David Castell y Mónica Jairala, una empleada de la limpieza. Pocos días después, quiso acompañarme a los juicios y ambos no sentamos en el estrado. Despierto, moviendo la cabeza de un lado a otro, fijándose en los documentos que conformaban la prueba del adversario; sonriendo unas veces, pensativo en otras, a Carlos se le notaba que por sus venas corría la sangre de letrado confrontador, de los que siempre guarda una última bala en la recámara.

  Por otro lado, Carlos no tardó en darse cuenta de que la defensa de un INSS como el de Barcelona requería de la emisión de juicios críticos sobre los documentos médicos de la parte contraria, en demasiadas ocasiones irregulares, en demasiadas ocasiones pagados por abogados de la parte demandante con el objetivo de lucrar prestaciones de Seguridad Social, en ese lodazal administrativo-judicial que tanto debería avergonzarnos a todos, incluidos algunos Magistrados de lo Social de Barcelona.

  En esta línea de pensamiento, debo decir que a Ruiz de Toledo siempre le salió la vena aristocrática en los pleitos en los que se sintió engañado, en esas pocas ocasiones en que mostrarse “chulo” y distante puede ser una virtud. Ahí no perdonó, hasta el punto de que uno de los clásicos peritos médicos mercenarios le retiró el saludo. ¡Qué grande eres Carlos! ¡a mí todavía me saluda! Y así, con el paso de las semanas se fue consolidando como un letrado revelación, como alguien capaz de rendir por encima de lo esperado. Hasta que se resolvió el concurso y, sorprendentemente, le adjudicaron una plaza en Madrid. Una pena. En los sistemas administrativos encanallados tener a gente como Carlos en la plantilla es una garantía.

  Lo echaré de menos, pues con él se va un letrado comprometido, discutidor, aguerrido a veces, incómodo siempre para el rival. Buen compañero y mejor amigo. Una ganancia personal, una gran pérdida profesional para mí.

  MUCHA SUERTE AMIGO

DAVID CASTELL: EL LETRADO SABIO

Si el anterior artículo lo dediqué a Laura, la “letrada coraje”, este va por David Castell. No exagero si afirmo que con David se va del INSS de Barcelona uno de los letrados más sabios, quizá, que haya pisado la ciudad en décadas. De hecho, una vez me vi a mí mismo especulando con la posibilidad de que, en un día no muy lejano, David descubriera alguna falla en el sistema. Lo imagino humilde, levantándose de su mesa y diciéndome: “oye Condis, creo que llevamos 40 años calculando mal las bases reguladoras de la pensión de jubilación”.

A David nada le viene grande porque su inteligencia le alcanza para comprender cualquier enigma que se le plantee. Además, cuenta con una virtud muy apreciable de la que yo siempre he carecido, la diplomacia no exenta de contundencia cuando plantea sus desacuerdos. Un gran dialéctico tranquilo. De los que deja en evidencia a quienes argumentan utilizando subterfugios.

David se sienta en su mesa concentrado, pero pronto los compañeros empezamos a importunarle con preguntas. Que si la última sentencia sobre el caso X, si el criterio Y, que si Z estaba resuelto por el Tribunal Supremo… Y él, sin perder la calma, como un viejo profesor, va repartiendo conocimiento. A veces, su tono de voz se eleva ligeramente. Es su modo de decirle al preguntante que esa pregunta es improcedente, que es algo que quien pregunta debería saber.

Cuando tengo dudas sobre la racionalidad de alguno de mis planteamientos, o sobre el grado de certeza de algunas de mis afirmaciones, cotejo con él la cuestión y, si muestra argumentos en contra sopeso seriamente mi posición inicial. Me recuerda a uno de aquellos sabios de las comunidades ancestrales que habitaron el planeta hace miles de años. Mirada fija, concentración, serenidad, un grado de seguridad coherente, evitando siempre los absolutos que imbuyen de soberbia al ser humano.

David ha sido mi leal compañero de batalla. Su ojo clínico, azote de médicos corruptos. Su marcha es un cambio de era, un Barça sin Messi, un Madrid sin Cristiano. Alguien insustituible. Se va orgulloso de su trabajo. Quizá, con el regusto amargo con el que suelen despedirse los sabios incomprendidos o cuyos argumentos han sido parcialmente ignorados. Pero marcha más sabio, consciente del precio que pagan quienes, desde la valentía y la honestidad, se atreven a pensar por sí mismos.

ERES EL MEJOR, TE ECHARÉ DE MENOS…

LAURA GONZÁLEZ: LA LETRADA CORAJE

Corren tiempos de mudanza en el Instituto Nacional de la Seguridad Social de Barcelona. Serán varios los letrados que, en los próximos meses, nos abandonen hacia destinos más cercanos a su tierra. Sana envidia. Creo que, hoy en día, el INSS de Barcelona no es un buen destino para un letrado.

Lamentaciones al margen, me gustaría dedicar este artículo a Laura González, una de las que migra. Todavía recuerdo a Laura cuando llegó en mayo de 2016, con su aire juvenil y despreocupado, vistiendo todavía como suelen hacerlo los opositores hijos de la clase trabajadora, es decir, con la sencillez a la que obliga la escasez de dinero. Llegó bulliciosa, con ganas de aprender. Intuyo que lo primero que debió pensar de mí, el enérgico Condis, es que, al margen de ser un tipo extravagante, el tal Condis «bailaba» los juicios al ritmo que a ella le gustaba, es decir, con dinamismo y garra, evitando a toda costa que cuatro listos defraudaran al Sistema de Seguridad Social. Sin esquilmar la confrontación, a cara de perro, apuntando los nombres de médicos que, por su inusual aparición en los juzgados, forman parte de la lista de presuntos médicos corruptos sujetos a investigación, cada vez con más intensidad.

A Laura siempre logré sacarle una sonrisa, cuando no una carcajada, singularmente el día en que le conté que una juez había parado la grabación de un juicio porque una gota de sangre empezó a caer por mi frente (me acababan de extirpar un quiste sebáceo el día anterior). Y ella debió de imaginarse la escena y no se pudo contener. «Puto Condis», pensó, parar un juicio porque al letrado de la Seguridad Social le sale sangre de la cabeza en el turno de contestación a la demanda. Eso no lo consigue nadie.

Laura siempre trabajó con denuedo, sin escatimar horas. Sus recursos de suplicación y sus informes han sido un ejemplo de interés por la «cosa pública». Meticulosa y defensora de una justicia social que no deje grietas para la estafa, su trabajo en la persecución de conductas irregulares ha sido un referente. En nuestra intranet, una carpeta creada por ella exhibe informes como modelo. Con su trabajo se han conseguido cosas importantes que un blog público no puede revelar. También es verdad que quedan muchas otras que, por el momento, no se han materializado. Tiempo al tiempo.

Laura González Martínez, la letrada coraje, deja en mí una profunda huella, la huella que dejan quienes con su pundonor y dignidad se erigen como ejemplo a seguir en el camino hacia una justicia social que expulse la picaresca y el delito.

TE ECHARÉ DE MENOS…