CORONAVIRUS Y REALIDAD (II) ¿MORTAL YO?

Durante estos primeros días del estado de alarma parece que son muchos los occidentales que parecen despertar de su sueño de inmortalidad. Sin embargo, hay dos formas de afrontar este “gran descubrimiento”: la sabia y la necia. La sabia supone asumir el reto y mejorar nuestra percepción del mundo, la necia supone atribuir a la inmortalidad un rango secundario supeditado a la supuesta negligencia de los hombres. En España parece imponerse la segunda, como era de esperar. El pensamiento necio, cuyo centro de gravedad se sitúa en la carcundia capitalina, ha alcanzado su culmen con un bochornoso Auto de la juez Carmen Rodríguez-Medel, quien, ¿mortal yo?, ha abierto una investigación que tiene por objeto averiguar si el delegado del Gobierno en Madrid, José Manuel Franco, pudo cometer un delito de prevaricación al no prohibir las marchas del 8-M (cabe decir en este punto que el querellante no hace referencia a los partidos de fútbol que se jugaron en Madrid ese fin de semana, seguramente porque el fútbol es cosa de hombres y la “mani” era cosa de mujeres).

Básicamente, y hablando en términos un tanto informales, exigiendo el tipo del artículo 404 del Código Penal, que la resolución arbitraria injusta, se dicte a sabiendas, es decir, mediando dolo(más allá de la más que dudosa comisión por omisión del delito de prevaricación), parece evidente que el único reproche que se le puede hacer al delegado del Gobierno es el de carecer de la bola de cristal que, según parece, posee la derecha mediática y que, permite, sin duda alguna, ver el futuro.

Llevo ya algunos años comprobando que uno de los grandes problemas que tiene este país es el de su sistema judicial. Los jueces saben que para prosperar deben convertirse en arietes de los partidos políticos. Por otro lado, la formación de los jueces no deja de ser precaria y basada en una acrítica repetición de textos.

Al mismo tiempo que la jueza Rodríguez-Medel nos anuncia su soberbia y necedad, en VOX conminan al gobierno a institucionalizar el crimen negando la asistencia médica a los inmigrantes sin documentación que no puedan costearse la asistencia sanitaria; ávidos, parece, de escribir un nuevo volumen de La Historia Criminal del Cristianismo, de Deschner.

En la lucha contra el Coronavirus se impone, en este primer asalto, la necedad. Sin embargo, tengo la esperanza de que España muestre que está por encima de la mediocre elite política y administrativa madrileña. Todavía quedan sabios en nuestro país aun cuando el sistema se empeñe en despeñarlos por el precipicio de la irrelevancia, una irrelevancia, todo hay que decirlo, conveniente para el sabio, quien en un ambiente de degradación intelectual como el descrito, goza más de la vida dando la espalda a los necios que intentando salvarlos de su necedad.

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